Cuando Le Monde se pone
en huelga por despidos de periodistas, el New
York Times anuncia recortes en la plantilla y el Wall Street Journal cambia de director y empieza a publicar
artículos más cortos, no hace falta enviar reporteros para descubrir la crisis de la prensa tradicional. Pero el público sigue
teniendo apetito por las noticias, aunque cada vez más las busca en otros
soportes, sobre todo en Internet.
{mosimage}El Pew Research Center acaba
de publicar 'El estado de los medios de información 2008', quinto
informe anual del Project for Excellence in Journalism y un punto de referencia
para quien quiera acercarse al hoy y ahora de la profesión periodística. El informe
es un profundo análisis de la situación en la que se encuentran los medios en
Estados Unidos, que este año saca a la luz interesantes conclusiones. Quizá
la más importante es que, a diferencia de los que se suele
creer, el número de personas que manifiestan interés por las noticias va en
aumento. En palabras de uno de los autores del informe, Rick Edmonds, «según la mayoría de las mediciones realizadas, la audiencia de las noticias está
creciendo si tenemos en cuenta la web y los medios impresos».
Del impreso al 'online'
Esta
conclusión desmiente algunas visiones catastrofistas que anticipaban el final
de la prensa a consecuencia del desinterés de las
audiencias por la información que esta aporta. Pero a la vez reconoce un desplazamiento lento
e inevitable hacia el contenido online.
{mosimage}En
concreto, ¿qué es lo que pide la audiencia? Según los analistas del
Pew Center, la gente quiere acceso sencillo a las noticias específicas que
demanda. El público reclama una continua actualización, y también quiere estar
en condiciones de utilizar esa información en una comunidad amplia. Quiere que
los medios informativos le permitan tener de qué hablar, debatir, responder a
preguntas, e incluso que le ayuden a conocer personas que piensen de modo
similar o que defienda posturas distintas para pensarlas y ensayar argumentos en
contra.
Al menos en Occidente, el periodismo trata de perfilar su identidad en
un mundo de superabundancia informativa derivada de la extensión de las nuevas tecnologías.
En
primer lugar, los grandes diarios tradicionales experimentan una caída de
lectores.
Muchos motivos se entremezclan en esta deriva, pero uno de ellos es la proliferación de la información online. Estados Unidos, Francia e
Inglaterra advierten este fenómeno de un modo más agudo.
España mantiene algo
más sus cifras, aunque prefiere remojar sus barbas y lo hace con una iniciativa
interesante: la Asociación de Editores de Diarios Españoles firmó
recientemente un acuerdo con el Ministerio de Cultura para impulsar la lectura de periódicos en colegios,
con el objetivo de incorporar así a las nuevas generaciones. En España, las
dificultades de la prensa escrita vienen más bien de que la publicidad ha reducido sus
inversiones en prensa a raíz de la mayor diversidad de soportes.
Entre el rigor y la exclusiva
{mosimage}Es cierto que el nuevo decorado
presenta unas condiciones únicas: nunca en la historia ha existido un acceso mayor
a la información. Pero junto a esto, la proliferación de fuentes interesadas -instituciones, empresas, ONG...- que quieren vender su punto de vista, lleva a
pensar que todo es opinión e interés, lo cual puede fomentar el escepticismo
del público. De aquí que haya quienes consideren que la prensa convencional debe destacarse de ese
puro suministro de información, para decidirse por el análisis original y
hondo.
Contra esto están las rutinas temporales, la rapidez que siempre ha sido caballo
de batalla del periodismo pero que se acentúa con la demanda de información online. Aunque crece el número de fuentes
y la posibilidad de acceder a las noticias, los periodistas
disponen de menos tiempo para analizar la información recibida: alguien está
contando ya la noticia en Internet, en la radio, en las cadenas televisivas de
información 24 horas.
Bob Woodward reconocía recientemente en una entrevista que «cuando Carl Bernstein y yo trabajamos en lo de Watergate, podíamos hacer
el borrador de un artículo. Entonces, los responsables de la redacción nos hacían preguntas
inteligentes y podíamos tardar dos o tres semanas en rematar el artículo.
Ahora, aparecería alguien y diría: ¿no podríamos poner esto en nuestra página web este mediodía?». Y surge la gran alternativa: elegir el rigor, la verificación, el análisis, u optar
por la exclusiva.
Una muestra reciente y expresiva de esta
dicotomía es el caso de las acusaciones vertidas por el New York Times sobre una presunta
relación sentimental entre el candidato a la presidencia norteamericana John
McCain y la lobbyist
Vicky Iseman. Según el artículo del Times,
las empresas para las que trabajaba Iseman habrían recibido un trato de favor
del entonces congresista McCain. A los pocos días el defensor del lector del
diario neoyorquino reconocía que el periódico se había precipitado al presentar
la historia sin el suficiente apoyo en fuentes seguras. Los
críticos del New York Times han
dicho que la precipitación tuvo como desencadenante la rivalidad comercial: adelantar al Washington Post en la publicación de la noticia.
Internet no es un enemigo
{mosimage}«Nunca
ha habido mejores tiempos para ser periodista», afirma Mark
Briggs, autor de Journalism 2.0.
Profesor de la Universidad de Seattle y actual subdirector adjunto para noticias interactivas del periódico Tacoma News Tribune, Briggs obtuvo en
2002 el premio James K. Batten Innovator, y más tarde fueron también premiados
sus proyectos creativos en The Herald -2003 y 2004-.
Su actitud es optimista, pero no ingenua: sabe que en EE.UU. más
de 3.000 colegas periodistas se han quedado sin empleo entre 2000 y 2006, y que
la tendencia continúa siendo alarmante. El New York Times anunciaba recientemente un
recorte de 100 empleados en 2008. Tribune,
el segundo grupo periodístico norteamericano, despedirá próximamente a 250
periodistas del Chicago Tribune y
de Los Angeles Times. Desde
mediados de 2007, otros periódicos han reducido su plantilla, como USA Today,
que ofreció bajas voluntarias a 45 periodistas. El San Diego Union-Tribune también ha anunciado la eliminación de cien empleos. Otros
periódicos que han sufrido la crisis publicitaria y que han
realizado recortes de personal son el San
Francisco Chronicle, el Seattle
Times y el San Jose Mercury
News.
La mayoría de los gerentes de la industria han reaccionado a la crisis de su modelo de negocio con
una espiral de recortes presupuestarios, con el cierre de oficinas, con
despidos, o con una reducción de páginas. Molly Ivins, columnista del Minneapolis Tribune y del New York Times, se quejó, poco antes de
su muerte, de que las empresas de diarios creen que la solución a su problema es «hacer nuestros productos cada vez más pequeños, menos útiles y menos interesantes».
Pese
a todo, Mark Briggs considera que la dificultad se convierte en
oportunidad con la entrada del mundo online. 'Un mar en calma nunca hizo
buenos marineros', titula uno de sus capítulos, para después añadir: «Si usted ama
el periodismo, tiene que amar el tener más herramientas a su disposición y más
interacción con su audiencia y la próxima desaparición de las
tradicionales restricciones de tiempo y espacio».
De la misma opinión es Arianna Huffington,
directora de un influyente sitio web
norteamericano, el Huffington Post: «A la gente le encanta diagnosticar la muerte de los periódicos. Creo que
es ridículo. Los medios tradicionales solo tienen que darse cuenta de que el
mundo de Internet no es un enemigo. Es más: es su tabla de salvación, siempre y
cuando sepan adoptarlo con valentía».
Desde un artículo a otros contenidos
{mosimage}Es clara la profundidad de los cambios, y
también que estos afectarán inevitablemente -ya lo están haciendo- a las
rutinas redaccionales de los medios. Como afirma Dan Gillmor, director del
Center for Citizen Media de la Universidad de Berkeley -California-, «los medios han de modificar la manera en que informan e incorporar
nuevos métodos y tecnologías. Ésta ya es una buena razón para hacer mejor periodismo. Tienen que
arriesgar e innovar. Incluso de un fracaso se aprenden lecciones. Para ser más competitivos, los medios
tienen que ver lo que están haciendo sus audiencias en la red».
Entre las conclusiones del
informe 'El estado de los medios de información 2008' se afirma que
los periodistas ya no pueden dedicarse exclusivamente a crear, contar y
analizar los acontecimientos. También deben ayudar al público a encontrar lo que
le interesa y a sacar algún significado del conjunto.
El citado estudio,
centrado en los 24 medios norteamericanos más influyentes, mostró que mientras
apenas tres de ellos publicaban enlaces externos a finales de 2006, un año más
tarde eran 11. Para los autores del informe, un site que se limite a sus propios
contenidos sería algo así como una compuerta atascada. Los sitios de
información ya no se conciben como un destino, sino como una plataforma abierta
hacia el exterior. El estudio muestra la considerable proporción de artículos
a los que el lector llega desde otro artículo. Y esto hace que cualquier
información sea solo su propia primera plana. Por tanto, el artículo debería
dar una idea de lo que se puede encontrar en el resto del sitio -en informaciones
relacionadas del propio medio, recuperables en los archivos- y fuera de él.
Con
estas nuevas, el periodismo está más cerca de aquel ideal que planteaba Arthur
Miller al describir un buen periódico como «una nación hablándose a sí
misma». Pero la edición online puede aportar aún más a esta aspiración.
Periodismo ciudadano
{mosimage}Dan Gillmor está
entre los principales expertos de uno de esos grandes caminos de renovación que
intenta abrirse paso en el universo informativo: el periodismo ciudadano. La institución que dirige (citmedia.org) busca
enseñar a la gente el modo de obtener mejor información y, sobre todo,
las herramientas tecnológicas que permiten crear contenidos. En el fondo se
trata de hacer, de los ciudadanos, periodistas. Y es que Gillmor está
convencido de que la solución del periodismo pasa por una
democratización de los medios a través de la participación. Según él, esto abre
un horizonte nuevo al periodista, pero en absoluto lo suprime.
Un ejemplo:
sugiere Gillmor que el periodista pida a sus lectores que le ayuden, teniendo
en consideración que cada vez es más fácil que haya alguien con un móvil o con
una cámara en un sitio donde no esté presente ningún periodista. Y del dicho al
hecho, con un caso que se convirtió en paradigmático: con motivo del huracán
Katrina, Citizen Media se apoyó en el periodismo ciudadano para recorrer la ciudad y poner en Internet imágenes
que mostraban el estado de las casas arrasadas. Algo semejante pasó con las imágenes
de vídeo del tsunami en 2004; y con los atentados de Londres, en los que la única imagen de la explosión provenía del móvil de un
ciudadano. Más reciente es el caso del asesinato de un periodista ciudadano
chino que grabó en su móvil y publicó en su blog
la brutal represión de una manifestación por parte de la policía.
{mosimage}La pregunta puede ser dónde entra aquí
el periodista… si es que hace falta. Para Gillmor, no hay duda de la necesidad de su permanencia por lo
que puede aportar en el nuevo panorama: «Los principios no cambiarán:
exactitud, meticulosidad, imparcialidad, independencia, transparencia. Las
técnicas serán de algún modo diferentes pero no sustancialmente. Pero con el
tiempo los periodistas llegarán a ser más guías que oráculos, ayudando a su
audiencia a encontrar el mejor y más relevante material».
El informe 'El estado de los medios de información 2008' cita, por ejemplo, el
caso de correos electrónicos enviados directamente por el periodista a sus
lectores para mantenerlos al tanto de la evolución de una situación.
Entonces,
¿prensa convencional o periodismo online? Son muchos los que piensan que no hay ni debe haber
una dicotomía, y se inclinan por la convergencia redaccional.
La solución a esta invasión digital de
los medios parece conducir hacia la convergencia redaccional y a unos
servicios informativos basados, cada vez más, en contenidos temáticos, en
detrimento de la estructura actual basada en
plataformas de emisión. La posibilidad de crear redacciones
integradas -papel y online- es
otra respuesta destinada a la adaptación del periodismo a los
nuevos tiempos.