{mosimage}Las municiones de racimo tienen un efecto a largo plazo muy importante sobre las poblaciones civiles. Cada una de ellas puede llegar a esparcir hasta 650 submuniciones explosivas, sobre una superficie de más de 1 hectárea. Pero algunas no llegan a impactar, causando, por tanto, víctimas después del fin de los conflictos. Hoy en día 75 Estados tienen millones de municiones almacenadas. Muchos modelos son obsoletos, imprecisos y no fiables y los que quedan sin explotar constituyen un grave peligro para los civiles, especialmente para los niños porque tienen formas muy atractivas para ellos.
A nivel internacional, la Cruz Roja apoya el borrador del tratado aprobado en la Conferencia Diplomática de Dublín. El escrito prohíbe el uso, producción, almacenamiento y transferencia de las bombas de racimo y pide la limpieza de las zonas contaminadas por estas armas.
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja pedía «la prohibición total de aquellas municiones de racimo que no sean fiables y que no sean precisas», ha explicado José Luis Rodríguez Villasante, director del Centro de Estudios de Derecho Internacional Humanitario de Cruz Roja Española (CEDIH) y el apoyo a las víctimas.







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