
'Il Cavaliere' no deja indiferente a nadie. La visita de Presidente
Zapatero a Roma no estuvo exenta de polémica, y es que el primer ministro italiano supo dar la nota durante la comparecencia ante los medios de ambos presidentes desde el
Palacio Chigi. Para aquellos que no lo han visto, Berlusconi sorprendió a Zapatero con una inesperada salida, que más bien diría yo, fue un señor desplante.
«Lo despido como se despide a un santo porque acaba de recibir la bendición del Papa y por tanto está en estado de absoluta gracia», estas fueron las 'místicas' palabras que precedieron a la espantada de Silvio, que previo apretón de manos dejó a Rodríguez Zapatero solo, en la tarima, frente a un tropel de reporteros que al igual que él no sabían de que iba todo eso. Tras unos tensos segundos el presidente Zapatero decidió seguir a su homónimo italiano, para volver minutos después.
Y es que así las gasta Silvio. Una cita institucional, protocolaria, retransmitida por todos los medios, y él marca sus reglas y su ritmo. Las razones del feísimo gesto, en mi opinión, las desconozco, pero dado el escenario, seguro que tiene mucho más trasfondo significativo que el hecho de que Berlusconi llegase tarde a una cita.
Siempre me pareció un personaje con cierto egocentrismo y aires de grandeza, y detalles como este no hacen más que confirmarlo. Consiguió ser el centro de atención del evento y salir en todos los medios, pero la lástima es que no fuese por sus perspicaces intervenciones o por tenderle la mano a un país vecino.
La reacción de Zapatero -sólo se vislumbraba incredulidad en su mirada- correcta a mi parecer. Ante un plantón en toda regla ¿qué iba a hacer?