
Señor director:
Quiero condenar el ataque indiscriminado que la pasada madrugada del lunes sufrió uno de los buques –el Marvi Marama- de la flota de barcos que portaban ayuda humanitaria y que se dirigían a Gaza. Este ataque, en mi opinión, a la tripulación de la 'flotilla de la libertad' por parte del ejército israelí no tiene defensa alguna. Pero aún más
me indigna la falta de condena internacional, la incapacidad de actuación hacia un país que hace y deshace a su antojo, la impotencia de los que vemos que un acto de violencia gratuita no es tachado como tal, o lo lejos que está llegando un conflicto que no es más que un
tira y afloja entre Israel y el resto del mundo, opositores y aliados.
Por un lado me gustaría que alguien dejase las cosas claras sobre lo acontecido, ¿por qué un barco puede ser atacado en aguas internacionales sin haber mostrado hostilidad? Aunque el Ejército israelí no se cansa de justificar su ataque, y las grandes potencias se limitan a lamentar el suceso y no a condenarlo públicamente, no creo que una flota de barcos cargados con toneladas de ayuda humanitaria y en los que las únicas 'armas' encontradas han sido tirachinas, varillas de hierro, y cuchillos de cocina, pueda ser considerada una amenaza.
Animo a los cooperantes que han sufrido en sus carnes el ataque y a sus familiares a que se hagan oír, a que todos conozcan lo que de verdad ocurrió la madrugada del lunes y que este hecho no sea pasado por alto y que obtenga la repercusión y la condena merecida.
En mi opinión Israel está forzando la situación, quiere saber hasta donde puede llegar, llevando al límite sus actuaciones. Pero alguien debería detenerlos. Han roto los indicios de paz que vislumbrábamos- ha sido cancelada la reunión de hoy en la Casa Blanca entre Obama y el presidente israelí Netanyahu-, tirando por la borda las esperanzas de muchos de que el fin de este enfrentamiento estuviese un paso más cerca.