
Marzo siempre ha sido un mes especial. En nuestro hemisferio en Marzo festejamos la llegada de la primavera y la naturaleza se llena de brotes verdes de los de verdad (no de los de Zapatero), arden las
fallas en Valencia, celebramos a los padres el día de
San José y muchos tenemos fechas personales inolvidables, pero también para muchos españoles, para muchísimos madrileños, Marzo es desde hace seis años un mes marcado por un once nefasto:
11 de Marzo de 2004, día de la masacre en los trenes.
Y desde este año 2010 que estamos sobreviviendo, Marzo va a tener un dieciséis marcado por otra barbaridad. El 16 de Marzo de 2010
ETA añade un nuevo nombre a la ya larga lista de sus víctimas: el sargento
Jean Serge Nerine, de 53 años, padre de cuatro hijos, es la primera víctima francesa de la locura asesina de la banda terrorista
Todos los españoles bien nacidos hemos condenado con rotundidad este nuevo atentado solidarizándonos con la familia y compañeros del
gendarme francés asesinado, deseando que todo el peso de la Ley caiga sobre sus verdugos. La noticia está todavía fresca y muchos lo sentimos sinceramente, pero ojalá no olvidemos esta sensación y consigamos ser solidarios siempre ante el sufrimiento, la injusticia y la impunidad.
La lectura de una carta publicada hace unos días, cuyo autor es una de las
víctimas del 11M, ha removido mi conciencia. Gregorio de las Heras que perdió un hijo en la masacre de Atocha define dolorosamente la sensación de abandono por la sociedad que como víctima sufre. Su queja contra la justicia, contra la clase política y contra la sociedad está completamente avalada por la opacidad, por la poca claridad de las investigaciones que se han realizado en torno al 11M.
Todos nos hemos ido enterando por la prensa de cómo “avanzaba” la investigación que curiosamente tuvo como base una mochila que nunca estuvo en los trenes. Supimos de documentos policiales que se “corrigieron” y no precisamente por quienes los firmaban, de contradicciones en el peritaje de los explosivos, (que si goma-2, que si TNT, que si contaminación…..) e incluso muchos (como fue mi caso) nos sorprendimos con la velocidad record para destruir los restos de los trenes siniestrados cuando sabemos que en este país no es la celeridad una de las características que prima. Pero, a pesar de que todos hemos sido testigos de la desazón de muchas de las víctimas por la manera nada clara de la investigación oficial, hemos dejado que la bola siguiese rodando impunemente hasta llegar a una sentencia que a muchos nos dejó nada convencidos de que se ha hecho justicia con este caso.
La verdad es que
LA VERDAD OFICIAL del 11M no convence a muchas de sus víctimas, ni nos convence a muchos de los que simplemente somos ciudadanos pensantes.
Si el
terrorismo es un problema social, un problema de todos, todos los ciudadanos tenemos la obligación moral de no permitir que la soledad rodee a las víctimas. A mí como simple ciudadana de esta sociedad, me duele y me avergüenza que un padre que ha perdido a un hijo por haber tomado un tren para ir a trabajar o a estudiar un día más (como pudo habernos ocurrido a cualquiera), continúe seis años después del fatídico día reclamando conocer la verdad de la trama que lo ha sumido en ese dolor. Y me indigna y abochorna escuchar las palabras de otro padre, Gabriel Moris (catedrático de Química de la Universidad de Alcalá) desde su doble faceta de perito y víctima: “No espero nada de la Justicia y mucho menos de los políticos. Si un país que tiene la desgracia de sufrir el mayor atentado terrorista de
Europa responde en bloque de esta forma ¿en qué país vivimos?
Ojalá reflexionemos.