¿Las mujeres eligen el deporte como actividad propia o lo hacen para demostrar
que en ese campo tradicionalmente masculino también pueden desarrollarse? -De
las actividades físicas femeninas y el deporte-.
Patrones y acervos culturales indican un papel masculino y uno femenino
diferenciados y pautados según épocas, usos y costumbres, sin embargo el ser
mujer puede atribuirse, por una parte, al sexo biológico pero también por otra,
a la identidad femenina con el rol que la sociedad espera quiera desempeñar.
Los estereotipos y patrones culturales marcan ya una
condicionante respecto a las niñas desde la infancia más temprana; estos tratos
diferenciados, (ejercidos por quienes son los responsables de la socialización:
padres, docentes, entrenadores), hacen que se vayan cultivando las identidades
tanto en las niñas, como también en los niños.
Por esto, se espera de las mujeres una diferencia en cuanto
a rendimiento, expectativas de éxitos, menor aptitud para la agonística, la
competencia, el entrenamiento, mayor aptitud para la creatividad e
intelectualidad, la sensibilidad. Estos patrones hacen que la identidad de la
niña se desarrolle bajo esas pautas, y aunque con la modernidad han ido
perdiendo poder, aún hoy influyen en la elección, predisposición, interés,
actitud frente al deporte. Es decir: la mujer representa para el deporte, no lo
que ella pueda desempeñar como atleta o simple practicante, sino lo que, por lo
regular, la sociedad espera de ella sobre la base de un modelo preconcebido de
comportamiento.
El rendimiento deportivo está marcado no sólo por las
diferencias biológicas, sino que se incrementan con las diferencias
psicológicas, sociológicas y culturales vivenciadas por las mujeres, marcadas y
reglamentadas por la sociedad con pautas diferenciadas para hombres y mujeres.
Las mujeres desarrollan el mismo interés por los deportes
que los hombres, al igual que en otras tantas actividades y profesiones, sin
embargo, (y los números son claros), aún no practican deporte en el ámbito
competitivo como competencia tanto como sus congéneres masculinos y por su
parte, la psicología asegura que se debe a la diferencia que tienen las mujeres
respecto al significado de la búsqueda del éxito y del rendimiento. Las mujeres
tienden a lograr el éxito sobre la base del dominio y mejoramiento personal
(Gill). En tanto los hombres buscan el resultado frente al oponente.
En este último siglo pasado las mujeres se acercaron en
mayor proporción más a la actividad deportiva, al igual que a todos los demás
campos sociales ocupados por hombres; quienes fueron las pioneras en la
participación deportiva competitiva se identificaron con los patrones masculinos
y ostentaban características más competitivas y de rendimiento que las demás
mujeres, (seguimos hablando siempre en términos de patrones ya gestados con
anterioridad).
Estas iniciadoras, abrieron un camino hacia esas
actividades deportivas pero no lograron que las demás mujeres se identificaran
con sus principios de comportamiento deportivo o competitivo, por el sólo hecho
que no eran cánones a seguir dentro de una identidad propia de la feminidad que
la mujer en esos momentos intentaba forjar.
El deporte como tal, siempre ha valorado el éxito, el
mejor, el campeón. La medición exacta de tiempos y marcas, el rendimiento
máximo, el entrenamiento para la búsqueda del mejor resultado y todas las
ciencias aplicadas trabajan en pos de ello. Ese es el espíritu del deporte: más
rápido, más alto, más fuerte.
Lo que se debería analizar es lo siguiente: si las mujeres
que se acercan a la práctica deportiva lo hacen por estar de acuerdo con esos
valores y modelos que se cultivan alrededor de las competencias, ó si la
búsqueda del éxito del mejor tiene valor dentro de la nueva identidad femenina
que no deja de mutar acorde avanzan los tiempos
La relación mujer-cuerpo
La relación de la mujer con su propio cuerpo debe ser uno
de los puntos que más ha variado desde la incursión de la mujer en el mundo
visible para la sociedad. Antes no disponía de su cuerpo para sí, debía
dedicarse a la maternidad y la imagen de su cuerpo se medía con otros valores ya
que este era precisamente el único papel que la sociedad le tenía reservado.
Desde la llegada de la mujer a la educación, la investigación y demás ciencias,
la noción de la imagen corporal ha ido variando a tal punto que parecería que la
mujer ha retomado el control de su propio cuerpo. ¿Pero es realmente así o
estamos asistiendo a otra pauta cultural con la que no todas las mujeres pueden
identificarse?
La imagen de mujer ideal se mide por la belleza, delgadez y
juventud, por otro lado todas las ciencias y artes trabajan para que esto pueda
concretarse, Así entonces tenemos que la industria "femenina" abastece al
mercado con productos de belleza, tratamientos, alimentos bajas calorías,
medicamentos para adelgazar, para no envejecer, anticonceptivos, spá de
relajación, tratamientos antiestrés, tratamientos psicológicos y por supuesto
quirúrgicos que cada vez comienzan a aconsejarse desde edades más tempranas para
no llegar a edades avanzadas con riesgos.
El logro de esta belleza y los productos que la garantizan
ofrecen a la mujer juventud, seguridad, libertad, autonomía, omitiendo las
consecuencias negativas que podrían tener para la salud y el bienestar.
La imagen femenina ideal es aquella que ha pasado por el
quirófano, se ha hecho cirugía embellecedora, se sacrifica comiendo químicos y
aparenta 30 años menos de los que tiene y además se divierte! Y esto debe
lograrse cueste lo que cueste.
Y llegamos así a nuestro gran tema: el deporte. Que por
supuesto, es una actividad que ni por aproximación se asemeja a aquello con lo
que la sociedad espera que la mujer se identifique. La actividad física femenina
entonces, es aquella que puede hacernos más lindas, más flacas o más jóvenes y
encima nos prometa divertirnos!. Así surge una elección de mujeres, niñas y
jóvenes por el fitness, la danza, el gimnasio, el trote, etc.
En este aspecto las mujeres han ido adelantándose en este
camino a los hombres, hoy lo que se espera de la mujer es que tenga una imagen
corporal impecable, que esté radiante y que soporte el trajín de la vida diaria
con el maquillaje intacto, y aunque parezca increíble, los hombres no están
exentos, de esta "exigencia" social.
Tanto hombres y mujeres por igual son esclavos de la "buena
presencia". El ser humano se identifica con la imagen que crea tengan de él, lo
que motiva a la "aceptación" por parte del individuo de los caprichos sociales
de apariencia y comportamiento. Esa será su propia imagen y en esa búsqueda
trabajará. Esto tiene verdadero peso independientemente de la actividad que se
realice en cualquier ámbito. El deporte pareciera no cumplir con el objetivo de
mejorar esta imagen para que sea aceptada por la sociedad, en especial la de la
mujer, por cuanto lo que se espera del trabajo físico deportivo es el desarrollo
de una gran masa muscular, la masculinización y la manifestación de patrones de
conductas características del sexo masculino.
El papel del deporte en la nueva concepción
de la imagen femenina
Habría que analizar el concepto de deporte y como es
concebido por la mayoría de la sociedad, y desde ese punto de vista allí ver
quienes realmente hacen deporte.
Si consideramos deporte "a toda aquella actividad que se
realiza con el fin de competencia", seguramente la balanza se inclinaría a favor
de los hombres, desde la participación en Juegos Olímpicos, torneos organizados
institucionalmente, partidos que se llevan a cabo en el barrio, en la canchita,
polideportivo o con el grupo de amigos, compañeros de trabajo o estudio. Los
hombres que se encuentran para jugar por el resultado a simple vista son más que
las mujeres. Pero: ¿todo esto corresponde a la definición deporte?
Otra pregunta sería: ¿Deberíamos considerar deporte a toda
actividad que refiera un compromiso corporal en la que tenga lugar un gasto de
energía, (aunque esta sea mayor al gasto que pueda hacer mi vecino pateando la
pelota con sus amigos) o, por ejemplo, pasear diariamente a mi perro?
El deporte es sinónimo de una preparación, un entrenamiento
a fin de poder llegar a una determinada competencia con una ganancia física,
técnica y táctica, que ayude a llegar al máximo rendimiento. Las demás
actividades físicas (aerobics, danza, tae-bo, andar en bicicleta), tienen la
similitud de la preparación para lograr una preparación y mejorar nuestra
condición, nuestra salud o, por que no, nuestra belleza.
Los deportes recreativos, que no persiguen el rendimiento
máximo y que por lo tanto no requieren una severa preparación deberían estar
alineados en una categoría propia y no mezclados con el deporte de
representación, error que generalmente se comete en la realización de alguna
encuesta para determinar si la población realiza deporte o no, quienes lo hacen,
dónde y por qué.
Otro error es considerar como deportes femeninos a las
actividades recreativas, de gimnasio, las caminatas, la danza, la gimnasia
modeladora y cuanta actividad surja de la moda mercantilista que promete hacer
una imagen "como la que vos querés".
Hoy en día siguen rigiendo los mismos valores arcaicos
basados en fundamentaciones superficiales contra los cuales la mujer lucha
constantemente, aquellos que marcaban a la mujer como un ser falto de voluntad,
dependiente, inseguro, con falta de perseverancia para el trabajo y con cierta
ineptitud para la actividad y rendimiento físico.
Por lo tanto, para mantenerse con una imagen apta debe
consumir aquellas actividades que no requieran "sacrificio" físico, ni
"esclavitud"; para lo cual es más sencillo pasar por el quirófano, el dietista,
la clínica de belleza y tener un personal trainer que no permita cansarnos y nos
haga desaparecer las grasas sin hacer crecer demasiado los músculos que realizar
una actividad física o deportiva que reclame voluntad y constancia ya que estos
son los valores que no nos corresponden por considerarse masculinos.
Hoy ya se acepta que la mujer sea inteligente, pueda entrar
de lleno al mundo y actuar a la par de los hombres, pero con un cuerpo perfecto
y con una imagen de sí misma aceptable para los demás, con la esclavitud que
significa el cuidado de lo exterior. No se le permite liberarse de la
dependencia de cómo se ve su cuerpo.
Seguramente y podría esperarse que estos cánones de belleza
física, dinamismo corporal, delgadez sin músculos definidos, sin arrugas vayan
evolucionando teniendo como protagonista a la mujer y a lo que ella quiere de sí
misma respetando los deseos y realidades a los que quiera llegar. Que la imagen
de la mujer sea autoelaborada teniendo en cuenta sus propios deseos y su propio
modo de vivir su cuerpo y su vitalidad.
Las mujeres que se dediquen al deporte de alto rendimiento
tendrán los valores que respondan a esa actividad, dentro de las características
y requerimientos necesarios sin ser vistas como más o menos femeninas por haber
ingresado a ese coto considerado aún de un ámbito netamente varonil.
A pesar de los avances de la mujer que ha ido dejando de
lado los estereotipos se sigue insistiendo en el mantenimiento de éstos. Aún se
trata a las deportistas en forma diferenciada respecto a los hombres, en
especial por los medios de comunicación que se ocupan de remarcar la relación
del deporte con la vida personal, familiar y profesional, destacando el poco
tiempo disponible que les deja esta búsqueda de logros deportivos para que las
deportistas logren "ser mujer" y cumplir con los papeles de madre, novia o
esposa, amistades y estudio o trabajo.
El deporte de competitivo debe ser considerado como una
actividad entre las demás, en la que la mujer pueda desarrollarse al igual que
los hombres, como en la política, las ciencias, y todas las demás actividades,
con igualdad de oportunidades para lograr los mejores resultados. Y la imagen de
los deportistas debe ser eso simplemente: un o una deportista que intenta lograr
lo mejor de sí mismo, al igual que la mayoría de los seres humanos en lo que
hemos elegido.
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