La mañana festiva del viernes 19 culmina con gran éxito
sábado, 20 de septiembre de 2008
Las Fiestas de Majadahonda despertaron a cientos de vecinos a primera hora de la mañana para acudir a la tradicional diana floreada, al encierro y al mercado renacentista. Tanto la Peña de la Albarda como la Peña de la Majada amenizaron a todos los majariegos que se concregaron en el centro del municipio durante toda la mañana. A las 8:00 horas de la
mañana tenía previsto que comezara la tradicional diana floreada, y a esa hora
eran ya muchos majariegos los que se habían acercado a las calles céntricas del
pueblo para participar en el recorrido musical junto con la Peña de La Albarda.
Majadahonda estaba
despertándose y cada vez eran más los que se unían a la fiesta o los que
continuaban entre risas y bostezos la fiesta de la noche anterior. Tras alegrar
las calles del municipio con la diana floreada, todos los vecinos se acercaron
a la Plaza de Toros.
Poco a poco los asientos de
la plaza iban ocupándose. El encierro tenía previsto su inicio a las 9:30 horas
ero o fue hasta pasadas las 10:00 horas cuando comenzó. La banda de música entonaba
canciones populares mientras numerosos jóvenes bailaban al son de la música.
Con el sonido de tres chupinazos, el encierro dio comienzo mientras los
majariegos esperaban expectantes la llegada de los toros a la plaza. El
espectáculo fue más tranquilo de lo que se esperaba, pues los toros fueron algo
pasivos, sin embargo, esto no impidió que los jóvenes del municipio pudiesen
burlar a los toros con recortes y saltos.
Tras el encierro y para
recuperar fuerzas, todos los asistentes pudieron disfrutar de bocadillos variados
que una de las peñas organizadoras preparaba a las puertas de la Plaza de Toros
La afluencia a medida que transcurría la mañana fue aumentando al igual que el
ambiente festivo.
Finalmente, la mañana
terminaba para los majariegos con un paseo por el mercado renacentista. Sobre
las 10:30 horas muchos comerciantes comenzaban a levantar sus puestos y eran
muchos los ciudadanos que comenzaban a acercarse allí para comprar productos tradicionales, como por ejemplo, pan, especies, joyas, o incluso velas. La
decoración de la calle, con banderas de la época, hacía que el ambiente
resultase mucho más propicio para la ocasión.