La edad del pavo

La edad del pavo
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La famosa edad del pavo suele comenzar con la preadolescencia, a la edad de once o doce años. La duración se suele prolongar hasta los 17 ó 18 años y en algunos casos dura más. Cuando un niño deja atrás la infancia, empieza a experimentar unos cambios psíquicos y físicos característicos de la etapa de la madurez.

Los cambios físicos que desarrollan, como la aparición del vello corporal, el cambio de voz  en los chicos y el desarrollo de los senos en las chicas, provocan desconcierto e inseguridad en muchos casos. Estos cambios hacen que los jóvenes se vean distintos y busquen siempre agradar con su aspecto a los demás.

Aunque los cambios físicos son los más visibles, lo más destacado son los cambios de personalidad. Suele ser lo que más desconcierta a los padres, que ven cómo sus hijos en ocasiones se distancian cada vez más de ellos, y el grupo de amigos se convierte en el eje principal de sus relaciones sociales. Empiezan también a plantearse cuestiones como  la religión o diversos temas más abstractos.

Estos síntomas son los más frecuentes en las personas de estas edades, pero cada joven es un mundo. No todos los adolescentes tienen que reunir íntegras todas estas cualidades. Unos chicos serán más familiares que otros, que sin embargo, prefieren no estar en casa. Algunos tendrán más respeto a la opinión de los padres o, por el contrario, serán más rebeldes a la hora de escuchar los consejos que les dan casa. Por eso, según el carácter de cada chico, habrá que esforzarse más o menos en entenderle.

La edad del pavo es una momento difícil tanto para los padres como para los hijos. Como estos cambios en el adolescente no se pueden evitar, lo mejor es hacerse cargo de la situación. Es bueno intentar, aunque sea difícil, establecer una relación de confianza con los hijos. Hay que procurar que los hijos tengan facilidad para contar a los padres sus dudas e inquietudes. De esta forma los hijos les verán como unas personas en las que se puede confiar y que se puede contar con ellas. Gracias a esto, si unos padres aconsejan a su hijo, éste sabrá que es por su bien y que no es para coartar su libertad. También es aconsejable permitirles cierta autonomía, puesto que es una época en la que se sienten más independientes y les gusta hacer las cosas por sí solos. Así los jóvenes verán que sus padres tienen confianza en ellos y mejorará la comunicación entre padres e hijos.


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