¡A tomar el sol… con precaución!

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Con la llegada del verano somos muchos los que estamos deseando irnos de vacaciones y, sobretodo, tumbarnos al sol. Pero la exposición solar no consiste sólo en ponerse morenos, sino que tiene otras consecuencias que no son tan positivas. El sol es la principal fuente de vitamina D, pero su exposición excesiva puede dañar el ADN de la piel provocando el envejecimiento de la misma y se puede llegar incluso a desarrollar cáncer de piel.

Hace ya muchos años que la gente empezó a ser consciente de la importancia de usar protección solar cuando se toma el sol. Sin embargo, no todos las factores de protección que hay en el mercado son eficaces, la Comisión Europea recomienda usar aquellos protectores que protegen tanto de los rayos UVA como de los UVB. Además, hay que ser conscientes de que los llamados 'pantalla total' o 'protección total' no existen, porque en la práctica ningún producto puede evitar que los rayos ultravioletas penetren en la piel.

Nuestra piel tiene 'memoria' y los daños que sufre a lo largo de la vida se van almacenando en la epidermis de forma progresiva y, en muchas ocasiones, inapreciable a simple vista, aunque a largo plazo las consecuencias resultan evidentes, como el aumento de patologías cutáneas o el fotoenvejecimiento prematuro.

Para una exposición solar segura

Aunque los protectores solares son nuestros mejores aliados contra el sol, sólo son eficaces si los aplicamos correctamente, es decir, hay que ser generosos en su aplicación por todo el cuerpo y reaplicarlos con frecuencia, cada dos horas y especialmente después del baño. Hay que aplicarlos media hora antes de la exposición solar, sobretodo en las zonas más sensibles como la cara, nariz, párpados y labios. Con todo esto, hacer un buen uso de una crema de protección 15 o 25 puede tener los mismos resultados en una persona de piel normal como una crema con factor superior a 50.

Lo ideal es que las exposiciones sean graduales, es decir, deben ser cortas al principio para después, cuando la piel ya esté algo bronceada, ir aumentando poco a poco. No se debe usar colonias ni maquillajes para tomar el sol.

Por todo ello, se tienen que adoptar medidas complementarias, entre las que se incluyen no tomar el sol entre las 12:00 y las 15:00 horas, usar camisetas y sombreros y no exponerse más de dos horas seguidas, sin olvidar llevar siempre una botella de agua para evitar la deshidratación producida por el calor.

Los niños, y especialmente los bebés, son los más sensibles a la exposición solar, por lo que en ellos se debe extremar la precaución, siendo recomendable evitar su exposición directa al sol de forma continua, sobretodo hasta los tres años. Los más pequeños deben utilizar siempre protectores adaptados a ellos y deben ser reaplicados cada media hora en niños menores de tres años.

Una buena alimentación rica en antioxidantes, presentes sobretodo en frutas, verduras y zumos, también ayuda no sólo a conseguir un bronceado duradero, sino también a evitar problemas derivados de los rayos solares. En cuanto a las formas de 'protección orales' tales como cápsulas con antioxidantes o píldoras que prometen un bronceado rápido, sólo pueden ser consideradas como un complemento más y nunca como una forma única de protección.

110607_bebes-sol-cuidadosCada año se registran 3.2 millones de nuevos casos de cáncer de piel a nivel mundial según indica la Agencia Internacional del Cáncer. Por su parte, los dermatólogos afirman que los españoles no nos protegemos lo suficiente y que cuando lo hacemos no nos ponemos la cantidad adecuada de fotoprotector, "lo que significa que si estamos utilizando un filtro 15, seguramente esté actuando como un ocho" según afirma Francisco Vanaclocha, dermatólogo del Hospital 12 de Octubre de Madrid.

Tipos de radiaciones

No todas las radiaciones son iguales. La luz solar se descompone al llegar a la superficie terrestre en tres tipos de radiaciones: ultravioletas, visibles e infrarrojos.

Las que más nos afectan son las radiaciones ultravioletas, que a su vez se dividen en UVC, UVB o UVA. Los rayos UVC son los más peligrosos porque tienen mayor capacidad de producir quemaduras, pero son los que menos nos afectan porque son retenidos por la capa de ozono, de ahí la importancia de evitar los agujeros en la capa de ozono.

Los rayos UVB son los que provocan la sensación de calor, los golpes de calor y sobretodo la producción de melanina en la piel, es decir, los que hacen que la piel se vuelva de un color moreno. Mientras que los rayos UVA son los más penetrantes en la piel y, por ello, los causantes del envejecimiento de la piel del melanoma, el cáncer de piel.


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