‘Generación Ni-Ni’: ni estudian, ni trabajan

‘Generación Ni-Ni’: ni estudian, ni trabajan
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Jóvenes que no estudian, no trabajan, discuten con sus padres, sólo piensan en salir de fiesta y no se preocupan por su futuro. Éste es el estereotipo de la Generación Ni-Ni que tanto hemos podido ver en los 'reality' de televisión. Pero ni son tantos ni se les debería dar tanta importancia.

La Generación Ni-Ni, españoles entre 16 y 29 años que ni estudian ni trabajan ni tienen intención de hacerlo solo representan el 1,06% de la población juvenil.
En plena crisis económica, después del verano de 2009, la Encuesta de Población Activa (EPA) cifraba en 136.696 los jóvenes de entre 16 y 29 años que ni estudian ni trabajan. Sólo 15 meses después el número ha descendido hasta los 80.358, así que como muchísimo los jóvenes que no estudian ni trabajan ni tienen ningún proyecto de vida son solo 80.358. Teniendo en cuenta que dentro de este apartado están incluidos los que no contestan y los que se han cansado de buscar empleo porque están desanimados y creen que no van a encontrar nada.

Además la EPA, en el boletín del cuarto trimestre de 2010, ha demostrado cómo la juventud recupera su educación: durante ese año ascendió un 15,27% los jóvenes parados que cursan estudios y descendió un 31,83% el número de inactivos desanimados que no estudian.

A pesar de que este grupo minoritario de jóvenes, y aunque muchos no se puedan considerar pertenecientes a la Generación Ni-Ni ya que tienen proyectos para el futuro, lo cierto es que sí existe un colectivo juvenil que todavía mantiene esta tendencia.

Según el sociólogo de la Universidad de Navarra Alejandro Navas: "Esto es culpa de los padres, profesores y el sistema educativo". Recalca además que "a todo ello hay que añadir una permisividad desbordada y una Cultura del mínimo esfuerzo".

El noventa y pico por ciento restante también nació entre los 80 y los 90, pero no son una generación perdida. Muchos forman parte de la Generación de jóvenes que trabajan para pagarse los estudios y que, además, valoran el esfuerzo de sus padres.

Los jóvenes no van a cambiar mientras estén cómodos con su estatus, aunque vivan aburridos. No van a cambiar mientras tengan el apoyo de su familia y es que el problema radica en cierta medida en sus padres, quienes deberían poner límites y exigir resultados.


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