Ana María Matute se convierte en la tercera mujer en recibir el Premio Cervantes

Ana María Matute se convierte en la tercera mujer en recibir el Premio Cervantes
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Ana María Matute recibió de la mano de Rey, el pasado 27 de abril, en Alcalá de Henares el premio Cervantes.

La escritora nació en Barcelona en 1925, fue la segunda de cinco hermanos de una familia acomodada de padre catalán y madre castellana.
A los cinco años sufrió una infección de riñón y a los ocho, otra grave enfermedad hizo que sus padres le enviaran a Mansilla de la Sierra un pueblo pequeño en las montañas riojanas. Matute dice que la gente de aquel pueblo le influenció profundamente. Mansilla aparece reflejada en muchas de sus obras como 'Fiesta al Noroeste'. 'Los hijos muertos' o el libro de relatos 'Historias de la Artámila'.

Con solo 10 años vivió la violencia, el odio, la muerte, la miseria de la Guerra Civil Española lo que se reflejó en novelas como 'Los soldados lloran de noche'.
No tuvó una infancia feliz. Era una niña tímida, rebelde, solitaria, incomprendida que le gustaba esconderse en los armarios donde empezó a crear sus mundos imaginarios y mágicos.

Escribió 'Pequeño teatro' a los 17 años. Cuando tenía 19 pero la novela ganó el Premio Planeta en 1954. En 1949, 'Luciérnagas' queda semifinalista del Premio Nadal; sin embargo, la censura impide la publicación.

Ana María Matute, escribe sobre los temas que le obsesionan como la guerra y la posguerra, la infancia, la incomunicación, la injusticia, la naturaleza y el bosque.

Es la tercera mujer en recibir el galardón, desde que fuera creado hace más de tres décadas, más importante de las letras hispanas. Anteriormente lo recibieron la filósofa española María Zambrano y la poeta cubana Dulce María Loynaz.

En el acto, al que acudieron los Reyes, el presidente del Gobierno y otras autoridades. La escritora destacó que "El que no inventa no vive" una frase que recalca muy bien su estilo de escritura en donde mezcla como nadie la realidad más cotidiana con lo mágico.

La capacidad de ficcionar ha servido a Matute de abrigo en una existencia a la intemperie: "La literatura es el faro salvador de muchas de mis tormentas".Cuando conoció "el terror y el odio" de la Guerra Civil y el mundo se volvió de repente "del revés". Ingresó entonces Matute en "la generación de los niños asombrados" y comenzó a comprender la importancia de los textos que arrancan con un "érase una vez...".

La ficción funciona para la escritora catalana como medio de salvación, una suerte de santuario donde los personajes en cierta manera protegen al lector. "Si algún día se encuentran ustedes con mis historias, con mis criaturas, créanselas, porque me las he inventado", ha concluido Matute.


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