El agua, amigo y enemigo de Japón

El agua, amigo y enemigo de Japón
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Un tsunami arrasó hace poco más de una semana la zona noroeste del país nipón, causando miles de muertos e innumerables daños materiales. Ahora, el agua se considera imprescindible para reducir los escapes de radioactividad de la central nuclear de Fukushima. Las últimas mediciones de radiactividad tomadas a un kilómetro del reactor 2 indican que los niveles han bajado. Hasta la fecha, según datos oficiales, hay 6.539 fallecidos y 10.354 desaparecidos.

El 11 de marzo, olas de más de diez metros sacudían sin compasión a la población de Japón, llevándose consigo vidas humanas, casas, fábricas o coches. En definitiva, todo lo que se encontraba a su paso. Sin embargo, una semana más tarde de la catástrofe, el agua se ha convertido en un 'salvavidas', pues está siendo utilizada para reducir la radioactividad de la central nuclear de Fukushima.

En cualquier caso, a pesar de que los niveles se están reduciendo, Japón ha elevado el nivel de alerta de la central de 4 a 5, según ha informado la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Los expertos advierten de que cuando se llega a un nivel 6, ya se está hablando de "un accidente grave", similar a la catástrofe nuclear que tuvo lugar en Chernobyl (Ucrania) en 1986. Cuatro, de los seis reactores de la central podrían fundirse. El riesgo aún sigue siendo alto. En 30 kilómetros a la redonda de la central de Fukushima viven 215.000 personas que ya han sido evacuadas.

Más agua

El Gobierno de Japón debe actuar de manera eficaz y rápida, algo que sin duda es tremendamente complicado. Para intentar frenar las fugas de radioactividad, se están empleando helicópteros que desprenden agua, autobombas, así como camiones de bomberos envueltos en trajes especiales contra la contaminación nuclear y química.

Estas misiones solo duran unos 40 minutos, ya que estar expuestos durante más tiempo y tan cerca del reactor, puede deparar en graves problemas de salud. En este espacio, los equipos encargados de tapar las fugas suelen desprender en torno a 30 toneladas de agua. Sin embargo, para llenar las piscinas radioactivas se necesitan 2.000 toneladas. "No nos queda más remedio que verter el agua antes de que sea demasiado tarde", asegura el ministro de Defensa japonés, Toshifumi Kitazawa.

El futuro de la radioactividad sigue siendo incierto. Japón ha pedido hace unos días ayuda a la comunidad internacional para salir de esta tremenda crisis que ellos mismos han catalogado como la peor de toda su historia, tras la II Guerra Mundial. Por su parte, las labores de rescate continúan, aunque las esperanzas de encontrar a alguien con vida tras una semana de la catástrofe son muy escasas.


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