Madeira, el paraíso inundado

Madeira, el paraíso inundado
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El conjunto de islas atlánticas portuguesas está sufriendo toda la furia de la naturaleza. Y no tenemos que irnos muy lejos para comprobar cómo la lluvia se lo lleva todo, pues en el sur de España se vive una situación complicada.

Pero el caso de Madeira es terrorífico. Aunque las primeras estimaciones afirmaban que el número de muertos era de 42, la cifra parece ser menor aunque puede aumentar en los próximos días, ya que hay más de 30 desaparecidos. El Gobierno ya ha anunciado que destinará 50 millones de euros a las empresas afectadas.

Con 741m² de superficie, Madeira es la isla más grande y la más afectada. De origen volcánico, emergió hace 5 millones de años, siendo también la más joven. Sus temperaturas suelen ser suaves y agradables, lo que no es óbice para que se produzcan lluvias torrenciales como las que asolaron la región el pasado 21 de febrero.

La principal fuentes de ingresos es el turismo, seguido de la agricultura –la isla es famosa por sus vinos-, dos sectores que las lluvias han puesto en serias dificultades ya que dependen directamente de las condiciones climáticas favorables de la zona.

La capital del caos

En Funchal, la capital de la isla, vive un 45% de su población total. La ciudad ha sufrido importantes daños en sus infraestructuras, aunque la peor parte se la han llevado los barrios más pobres debido a la menor calidad de las infraestructuras y, sobre todo, a las zonas en las que se sitúan.

Precisamente en la periferia se han producido la mayor parte de las muertes. Casas construidas sin licencia en zonas por las que discurren cursos de agua. Rodeados de montañas, estos barrios han visto cómo el agua manaba por auténticos ríos ladera abajo, hacia sus casas, sin que pudieran hacer nada para evitarlo. La deforestación también ha contribuido a agravar el problema, ya que la baja calidad de la tierra ha impedido cualquier posibilidad de absorción. El río Santa Lucía, que desciende del pico de Arriero, se ha desbordado en varias zonas de su trazado. A las inundaciones se les une el corrimiento de tierras, unas tierras sobre las que se sitúan casas, negocios, parques...

100225_mapaNo todo se había dejado a la imaginación: las riberas se canalizaron, pero no del modo más correcto, ya que prácticamente las cubrieron y el agua no entiende de diques. Cuando se manifiesta con toda su furia ha de encontrar un resquicio por el que fluir, un concepto tan sencillo como ignorado. Además no todas las riberas de la ciudad fueron canalizadas, y se corresponden con las zonas más devastadas.

Con el anuncio de nuevas lluvias, urge levantar diques de contención y reubicar a la población en las zonas menos afectadas.

Pese a todo, los que viven del turismo prefieren que no se declare el llamado 'estado de calamidad', ya que podría ir en detrimento de sus negocios. Pero eso es algo que los habitantes de la periferia encuentran descabellado. Para ellos lo importante es sobrevivir o continuar viviendo con algo de dignidad.


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