Trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones

Trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones
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«Al principio no eres consciente de tu enfermedad o no quieres serlo. En las fases de euforia te sientes tan bien: pletórico, decidido, nada se te pone por delante. Pero cuanto más subes… peor es la caída». Relata M. D., una mujer que a sus 52 años ha aceptado que padece un trastorno bipolar. A partir de entonces comienza una batalla incansable para controlar su enfermedad.

En el caso de los trastornos mentales, la falta de información conduce al miedo y a la superstición. Especialmente en los trastornos bipolares existe un gran desconocimiento en la sociedad. Sin embargo, es bastante frecuente: lo sufre entre el 1 y el 2,5% de la población, según el estudio ‘Avances sobre el trastorno bipolar’. El paciente bipolar pierde el control sobre su estado de ánimo y éste tiende a describir oscilaciones más o menos bruscas, que van desde la euforia patológica a la depresión, sin que estén en relación con el mundo exterior.

Causas

La causa es esencialmente biológica, y genética en su origen -es decir, la enfermedad puede heredarse, pero no necesariamente ocurre-. El trastorno surge debido a un mal funcionamiento del sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones, de que el estado de ánimo de una persona sea regular, estable y acorde a las circunstancias. «Es una enfermedad orgánica con consecuencias psicológicas, pero la OMS decidió denominarla como una enfermedad mental. Es importante esta aclaración, pues comúnmente se trata como una enfermedad psicológica y no es correcto». Explica Diego Oliver, asesor y organizador de la Asociación Bipolar de Madrid.

091127_bipolar1.jpgFases

Esta enfermedad se exterioriza mediante dos tipos de fases: las depresivas y las maníacas. La persona que sufre una fase maníaca suele presentar disminución de la necesidad de dormir, aumento de la energía, irritabilidad, hiperactividad, aumento de la sociabilidad, aumento del gasto económico, euforia, jovialidad, aumento de la velocidad del pensamiento, del deseo sexual, entre otros síntomas. «Puede asemejarse a estar bajo los efectos de algunas drogas como la cocaína, el éxtasis… En la mayoría de los casos se dice que la manía es la antesala de la depresión», según Diego Oliver.

Por su parte, en la fase depresiva aparece el cansancio, el aumento de las horas de sueño, la pérdida de ilusión, la ansiedad, la apatía, el pesimismo y las ideas de muerte. «La depresión dura más, es más frecuente y el paciente sufre mayor angustia, que en las manías. La depresión la sufre el paciente y la manía, la familia», explica el asesor de la asociación.

«Después de una fase maníaca tenía un gran sentimiento de culpa. En ocasiones, llegué a gastarme todo el dinero de la tarjeta de crédito. Pero en esos momentos no eres libre, es el trastorno el que decide por ti, no puedes evitarlo», relata con gran convicción M. D.

Diagnóstico y tratamiento

Los pacientes bipolares -sobre todo en fases agudas de la enfermedad- tienen niveles anormalmente bajos o altos de determinados neurotransmisores. Además, la respuesta a determinados test bioquímicos es distinta a la de las personas que no padecen ningún tipo de trastorno mental. Por desgracia, todo ello no es lo suficientemente específico como para tener utilidad diagnóstica; es decir, alteraciones similares se producen también en otro tipo de pacientes.

Por tanto, la entrevista psiquiátrica sigue siendo el único método de diagnóstico de un trastorno bipolar. Se trata de una técnica perfectamente estructurada, con unos pasos a seguir bien delimitados que debe dar los mismos resultados cuando se aplica por dos profesionales distintos.

091127_bipolar3.jpgPocos trastornos tienen dificultades diagnósticas tan graves en psiquiatría. Según el estudio citado, el 34% de los trastornos bipolares reciben inicialmente otros diagnósticos.

Si no se recibe un tratamiento adecuado los episodios son cada vez más largos e intensos, la enfermedad tiende a agravarse. Un episodio depresivo no tratado puede derivar en un intento de suicidio. El riesgo de suicidio a lo largo de la vida en los sujetos con trastornos de este tipo es del 10 al 15%, según indica ‘Avances sobre el trastorno bipolar’. «Si alguien decide matarse durante una fase depresiva es la enfermedad la que está decidiendo por él», recuerda Diego Oliver.

El entorno

Hoy en día se considera que el trastorno bipolar es una enfermedad neurobiológica. Sin embargo, existen factores predisponentes y precipitantes que dependen del ambiente y ejercen un papel fundamental en el inicio y evolución del mismo.

Como por ejemplo, los episodios estresantes. Los acontecimientos vitales estresantes contribuyen en el curso temprano, en la recaída y en el tiempo de recuperación del trastorno. Los bipolares presentan una mayor irritabilidad al estrés y una mayor dificultad para el control de los impulsos.

«El exterior, la realidad, también afecta al desarrollo de la enfermedad. Recuerdo el caso de dos hermanas bipolares que sufrieron una fase maníaca en el entierro de su padre, de manera que se pusieron a bailar en medio del tanatorio», explica el organizador de la asociación.

De igual modo, además del hecho de dejar de tomar la medicación, el consumo de alcohol, drogas o la falta de sueño pueden provocar un empeoramiento progresivo del curso de la enfermedad.

091127_bipolar2.jpgDesconocimiento social

Expresiones como ‘todos somos un poco bipolares’ o ‘el trastorno bipolar es un tipo de trastorno de la personalidad’ reflejan el alto grado de desconocimiento que alberga en la sociedad respecto a esta enfermedad.

En cuanto a la primera afirmación, todas las personas sufren alteraciones en el estado de ánimo que en ocasiones no son capaces de controlar, e incluso, que no tienen relación lógica con la realidad. Pero eso no significa que sean bipolares. Una persona es bipolar cuando sus fluctuaciones del estado de ánimo tienen una intensidad determinada, que acaban generando sufrimiento y alteraciones del comportamiento.

Respecto al trastorno de personalidad, cuando las fluctuaciones del estado de ánimo no son muy intensas, pero sí dan lugar a muchas alteraciones de conducta, se puede confundir, pero se trata de una enfermedad totalmente distinta. Cada paciente tiene su propio carácter.

Por otra parte, el trastorno bipolar no incapacita para ningún estudio o trabajo por sí mismo, pero supone una dificultad añadida. Cuando un paciente se encuentra correctamente tratado y asintomático, nada le diferencia del resto de la gente.

Avances

En España la creación de un centro en red de investigación en enfermedades mentales -CIBER-SAM-, con un programa específico sobre trastorno bipolar, supone un importante salto cualitativo.

Al igual que la proliferación de asociaciones de pacientes y familiares. Estas van a ser los motores de los futuros avances en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, reclamando más recursos asistenciales, más y mejor investigación, mayor consideración y lucha contra el estigma, y, en definitiva, el respeto que siempre se les debió como seres humanos, antes que enfermos o locos, como en tiempos, afortunadamente, casi olvidados.

El trastorno bipolar es una condición que acompañará, de algún modo, al que la sufre, durante toda su vida. Sin embargo, existe la esperanza, Diego Oliver asegura que pacientes que han intentado suicidarse en numerosas ocasiones, posteriormente han alcanzado periodos estables de siete u ocho años. «Con voluntad se puede avanzar», resume el encargado de la asociación.

«Ahora llevo estable casi un año. No descuido mi mediación, voy al psicólogo, hago terapias conjuntas en la asociación. He conseguido llevar una vida normal. Y, sobre todo, he dejado de hacer daño a la gente de mi alrededor», relata, con una sonrisa en los labios, M.D.
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