El obstinado terrorismo

 
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Desde que, en la Revolución francesa, se empezara a usar el terrorismo como arma política, de modo que el asesinato no tuviera ya ninguna relación con la actividad previa de las víctimas y, menos aún, con su culpabilidad, sino con el simple objetivo de presionar al poder político y atemorizar a la población se ha usado muchas veces; la inmensa mayoría de ellas en la misma dirección ideológica.

Una de sus características que estimo han pasado más inadvertidas es que, la mayor parte de la veces que se acude al terrorismo, se hace desde la perspectiva del igualitarismo radical que prescinde de las diferencias personales, entre las víctimas y los criminales y, por tanto, no necesita juzgar, ni leyes, ni procedimientos, ni garantías. Otra característica es que sólo presiona a quienes tienen un respeto por la vida y la inocencia humana del que carecen quienes acuden al terror y de las alucinógenas ideas que lo respaldan y se benefician de él; aunque más vale no mencionarlos.


* Juan Antonio Martínez Muñoz es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
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