Indignación por los botellones de Equinocio y la inhibición de la policía municipal al pedirle ayuda

 
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Pues bien. Tenía mi vehículo estacionado cerca del restaurante ‘Grill’ y había un grupo de jóvenes alrededor de mi coche, a menos de diez metros un coche patrulla de la policía, por lo que me sentí segura. Cuando abrí el coche y se encendieron las luces, algunos de estos chicos empezaron a protestar: por lo visto habían escondido sus copas de vasos de tubo detrás de las ruedas de mi coche. Alguno de los chicos retiró su copa y procedió a esconderla en otro lugar, pero un joven con jersey blanco y vaqueros, bastante bebido, me dijo que no retirara el coche hasta que no se fuese la policía. Le contesté que no podía esperar a que la policía se fuese, que cogiese su copa que estaba detrás de la rueda delantera del conductor y la escondiese en otra parte, en un bolardo que estaba a menos de un metro de la rueda.

El chico se puso chulo y me dijo que era una «hija de puta», que me fuera a «tomar por culo, puta». Un amigo del chico se disculpó, pero otro le dijo a mi acompañante (otra mujer, como yo) que más vale que me metiera en el coche si no quería que me dieran «de ostias». El amigo retiró la copa de la rueda, nos metimos en el coche, bajé la ventanilla y le dije al chico que me había insultado: «que a ver si su madre le enseñaba un poco de educación».

La policía estaba a menos de 6 metros, parando a un vehiculo. Así que me acerqué al coche de la policía municipal, que estaba con la ventanilla abierta, y le dije al agente que había a 6 metros -y señalé al chico- uno que no me dejaba sacar mi coche del parking porque se había puesto delante de la puerta del conductor y que me había insultado. Que por favor se acercara y les dijera algo.

Lo que pasó, referente a la actuación del agente con el que hable fue bastante surrealista e indignante. El policía municipal me dijo en palabras textuales que él no se iba a acercar, a no ser que yo quisiese tomar ‘represarias’ (palabra literal) contra los chicos. No podía salir de mi asombro, estaba realmente indignada, y le contesté que no quería tomar ninguna represaria contra nadie, que simplemente le estaba diciendo que a menos de 6 metros de él, había un chico que no me permitía retirar mi vehículo y que me había insultado. A esto contestó que él no se tenía que acercar al grupo de chicos a menos que procediese a realizar una denuncia.

Fue verdaderamente indignante. Tanto es así que le contesté que no iba a denunciar a nadie puesto que no tenía ninguna intención en tomar represarias contra nadie, y que se ganase un poco su sueldo y que le insultasen a él. Entonces el policía me dijo: «señora no se expresa usted con claridad». Si quiere este agente de la policía municipal, me persono en comisaría e inicio un trámite burocrático-administrativo a las dos de la mañana, de paso contrato a un letrado para defender mis derechos y para que la policía te proteja frente a las agresiones verbales e intimidaciones posturales de un niño borracho.

Mi duda es la siguiente: ¿la policía municipal de Majadahonda no interviene para proteger a los ciudadanos de este municipio en el momento que se está cometiendo un abuso contra la libertad para retirar del parking tu vehículo, a menos de seis metros de dos agentes, si no presentas una denuncia, para tomar ‘represarias’?

Ya se ve que los agentes están para detener vehículos, hacer pruebas de alcoholemia o pedir los papeles del coche, que es más rentable y menos arriesgado. ¿No sería mejor, que no se pusieran en este parking y así los chicos maleducados e incívicos pudiesen hacer sus botellones tranquilamente, sin tener que intimidar a los que hemos estacionado allí nuestro vehiculo y sin la necesidad de esconder sus copas en nuestras ruedas?. No entiendo muy bien la actitud de este agente al decir lo de tomar ‘represarias’, y menos su misión.

El chico sólo era un pobre borracho, al que nadie le ha debido enseñar lo que es el respeto a la libertad de los demás y a no abusar de su fuerza. En mis tiempos, hacíamos botellones en el ‘Seven’ de Majadahonda, y bebíamos alcohol, pero a mí sí me educaron para respetar a los demás.

Esta debe ser la clase de protección que podemos esperar de algún agente lúcido. Quizá toca ahora pasar miedo por expresar mi opinión, y que este agente de la policía municipal decida tomar alguna represalia contra mi, o mi vehículo, y pueda empapelarme con alguna multa o sanción de tráfico.

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